El hombre bicentenario

El hombre bicentenario.

El hombre bicentenario, excelente novela de Isaac Asimov. Si bien nos tiene acostumbrados a relatos de ciencia ficción, con esta obra se lució. Extremadamente humana y enternecedora, nos plantea la vida de un robot desde otro punto de vista. Nació de un encargo que le hizo una revista americana para celebrar los 200 años de la Independencia de América. Pero pronto se convirtió en una de sus mejores obras.

Las Tres Leyes de la Robótica

1.— Un robot no debe causar daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra ningún daño.

2.— Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.

3.— Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.

Sinopsis

Andrew es un robot que vive con una familia. Se llama Andrew porque la pequeña de esta familia no sabe pronunciar su nombre de robot: NDR…

Cuidará de toda la familia pasando por los padres, hijos, nietos, biznietos…. todos van muriendo. En cambio Andrew ni siquiera envejece.

Andrew quiere ser humano. Empieza por implantarse un cerebro más humano y va haciendo pruebas para llegar a poder comer,sentir, beber….cosas normales para los humanos.

Mientras, mantiene una contienda con el Tribunal.Pretende que lo declaren humano. Pero éste rechaza su propuesta una y otra vez.Un robot no tiene sentimientos, su cerebro es fabricado, no desarrollado.Todas estas son las excusas que le dan a Andrew.

Pasaje del libro

Los seres humanos pueden tolerar que un robot sea inmortal, pues no importa cuánto dure una máquina; pero no pueden tolerar a un ser humano inmortal, pues su propia mortalidad sólo es tolerable siempre y cuando sea universal. Por eso no quieren considerarme humano.

—¿A dónde quieres llegar, Andrew?

—He eliminado ese problema. Hace décadas, mi cerebro positrónico fue conectado a nervios orgánicos. Ahora una última operación ha reorganizado esas conexiones de tal modo que lentamente mis sendas pierdan potencial.

La azorada Li-Hsing calló un instante. Luego, apretó los labios.

—¿Quieres decir que has planeado morirte, Andrew? Es imposible. Eso viola la Tercera Ley.

—No. He escogido entre la muerte de mi cuerpo y la muerte de mis aspiraciones y deseos. Habría violado la Tercera Ley si hubiese permitido que mi cuerpo viviera a costa de una muerte mayor.

Comentario

¿Puede ser más bella la vida? ¿Con todos sus sinsabores incluidos?

Andrew cree que sí. Y tú ¿qué piensas?

 

 

 

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