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Des-Bosquecidad

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Las hojas caen lentamente sobre el suelo, con el balanceo del que ya no encuentra esperanza, el balanceo de un cuerpo moribundo con un escaso aliento. Ya quedan pocas, todo gran padre es casi por completo un esqueleto.

Recuerdan vehemente que eran verdes, que el paisaje era verde, pero ahora eso solo lo pueden recordar unos pocos, ahora todo tiene tonos marrones y todo recuerda a la necrosis.

Los arboles meneaban sus cabellos al ritmo que el viento les ofrecía cada día, y ahora solo se oye el choque de las frágiles ramas secas, como si se tratara del choque de huesos contra huesos, como cuando chirrían unos dientes, haciéndote poner los pelos de punta.

Eran los reyes del Mundo sin orgullos, eran los cuidadores de todos en la Tierra. Eran sabios, bondadosos y llenos de amor para todos, acariciaban la vida, la adoraban y la mimaban como nadie nunca lo ha sabido hacer.

Desde su más gran árbol, hasta la flor más pequeña, todos eran uno.

No queda nada, un árbol medio putrefacto llora la ausencia de un trébol, el cual no le pudo ofrecer suerte. El trébol descansa en paz en el olvido. Todo esto contemplado por una comunidad de muertos plantados en una tierra seca y deshabitada.

En otra parte del Mundo, los cactus se sorprenden del calor. Chillan de sufrimiento, ardiendo.

Deforestación es la palabra tabú que nadie soporta escuchar, de hecho, esta prohibida pronunciarla, causa demasiado dolor.

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